Cuando regresó a casa se encontró con el frio.
El frio acumulado después de una larga temporada de ausencia. Ese frio que se esta en las paredes del hogar solitario, que parte de ellas, que se transmite al suelo, de este a los pies y, por fin, de estos sube directamente hacia el corazón, para en un escalofrío, sentir de pronto que volvió, regresó y que nada sigue igual. Todo cambió. Incluida ella. Se miraba y se miraba, pero no se reconocía.
¿Donde fué?
¿A qué?
¿Y por qué?
Preguntas sin respuestas, sin duda, ya que desde que partió llevaba haciendose esas mismas preguntas.
Aquel frio era el mismo que un día se había instalado en su corazón, aquel que un día, de pronto y sin previo aviso le hizo plantearse si aquel era el lugar adecuado, si era la vida que había elegido y, si lo era, que le había llevado cambiar de opinión, a plantearse nuevos retos, nuevas metas, experiencias. A lo mejor no era nada de eso, sino que simplemente las fuerzas le abandonaban, aquello que creía firme e inamovible se tambaleaba como una barca al pairo en mitad de una tormenta.
El caso es que un día, después de meditarlo mucho, pero con la sensación de no haberlo hecho lo suficiente se marcho.
La pudo la convicción de que era lo correcto. Que su tiempo a su lado había tocado a su fin y que debían darse la oportunidad de retomar sus vidas, solo que por separado.
¡Cuantos proyectos se quedaban a medias! ¡Cuantos aún por iniciarse! ¿Y las promesas realizadas? ¿Que pasaba con ellas? Una sensación de traición se apoderaba de ella, pero a la vez reunió las fuerzas necesarias para abandonarle, para dejarle pensando en que había podido fallar, que había podido hacer mal. ¿Cómo hacerle comprender que no tenia la culpa de nada? Sino mas que de amarla sin fisuras, sin condiciones, sin preguntas. La amo y se sintió amada como jamás imagino que lo seria, pero aun así no fue suficiente. Es como si un dia se sintiera capaz de vivir sin ese amor sincero y se decidiese a buscar nuevos horizontes sin saber muy bien que encontraría. Mejor aun: sin importarle.
Así fue como lo hizo. Se marcho sin mas.
Al cabo de un tiempo breve se sentía sin fuerzas y le podían los recuerdos y los remordimientos, estaba a punto de arrojar la toalla y volver a intentar acercarse a él. De nuevo volver al lado de Luis.
Fue entonces cuando apareció José.
Alguien insospechado, que aparece en el entorno mas insospechado para desbaratar toda teoría, todos los planes, todas las dudas y poner de nuevo su vida patas arriba. Con el se sintió revivir. Su vitalidad, su energía positiva, su punto de vista amplio, sencillo y sin complejos la devolvió al mundo de los vivos. Se encaminó hacia un nuevo horizonte donde redescubrió viejos placeres olvidados, viejas sensaciones, nuevas emociones. Llegó a la conclusión de que eran las mismas, solo que con alguien diferente. Le pudo la idea de que era aún mas fascinante que en ocasiones anteriores, pero la experiencia y cierta desconfianza en si misma le advertía de que no era así, solo que era novedoso. Se limitó a dejarse llevar, a disfrutar esa nueva experiencia, esa nueva compañía. Se abstuvo de entrar en comparaciones y se olvidó de su vida anterior.
Al menos durante un tiempo.
En ese tiempo vivió de forma intensa todos los placeres conocidos hasta el momento, algunos adormilados en algún rincón de su ser. Otros fueron vividos nuevamente, asi lo percibía, así le pareció.
Se descubrió ante José y le pareció encontrar lo que necesitaba, lo que andaba buscando entre sus brazos. Dormida en ellos, al regazo de su pecho, bajo su cobijo. En sus palabras, sus historias fascinantes. Su voz templada y calmada. Su sonrisa franca, limpia y sincera. En el calor de su mirada profunda se sintió perder, olvidar del mundo, naufragar en medio de un océano de amor y por fin, olvidarse del resto del mundo. Solo estaba él, solo ella y él.
Pero nunca olvido a Luis. No podía apartarlo de su mente, le podía el daño, la pena, la visión de su cara triste y resignada el día que se marcho. No conseguía apartar de su recuerdo su sonrisa de despedida con la que le decía algo así como: "Lo intente. Di todo lo que tenía, te entregue todo mi cuerpo, mi alma y mi vida y no fue suficiente. Perdóname."
Pero también le podían los recuerdos. Recuerdos que antaño eran los más felices hoy eran los que mas dolían. Son los recuerdos los que duelen. El recuerdo la dañaba, el olvido aun sería peor.
Y no olvidaba. Cada día, desde aquel lejano mes de Abril, le fue ocupando más espacio en su mente. Y como un día ese pensamiento voló hacia José, ahora retornaba al abrigo de Luis.
"Nuestro amor no muere, solo cambia de lugar en el corazón" aquella frase que un dia le dijo hoy volvía con fuerza a su mente.
Hasta que un día comprendió su verdadero significado. Ese mismo día decidió que volvería, que recorrería el camino a la inversa y volvería a su lado, de donde jamás debió partir. Tal era el poder de su recuerdo. Tal era la fuerza de su amor.
Una tarde de Enero regreso al que hacía dos años había sido su hogar durante ocho mas. Todo estaba igual aparentemente, pero sintió aquel frio en el alma. El juego de llaves seguía siendo el mismo y entró sin problemas en su hogar. No habló con Luis, puesto que quería verle frente a frente, encontrarse con su sorpresa y valorar al momento que supondría para el su regreso. Lo pensó así, puesto que hacía ocho meses que no cambiaban ni una palabra.
Por otro lado le pareció una osadía, un atropello, una invasión de su intimidad, pero seguro que al menos lo entendería, nunca fue un hombre que se enfadase por poca cosa. Se arriesgó. Lo de menos era la supuesta "invasión".
Recorrió la casa, solo habían desaparecido las fotos de sus viajes juntos que andaban por los rincones. Incluso los marcos eran los mismos. En su lugar figuraban otras imágenes de él. Aunque echo en falta mas de un marco. Solo encontró dos de los más de diez que tenían antes. Mas frio en los pies.
Todo estaba igual. Todo había cambiado. La casa estaba fría. Apagada. Allí no vivía nadie.
A las seis horas, con las manos, los pies y el corazón congelados por el frio, se marchó. Alquiló una habitación de un hotel a las afueras y se pasó la noche llorando.
Al día siguiente se decidió a llamar a Luis. Esta vez no haría la chiquillada de plantarse en, la ahora, su casa y concertar una cita con cualquier pretexto. Eso haría.
Cuando habló con el, hizo un esfuerzo para que no se le quebrase la voz. Era el. ¡Hacia tantos meses que no hablaban! Luis le puso muy fácil, no mostró ninguna sorpresa. De hecho, parecía que habían hablado esa misma mañana. Ni un solo toque de reproche, ni una crítica o fina ironía. Nada.
Quedaron para esa misma tarde en un bar cercano a la casa. Un bar donde hacía tiempo iban a charlar cuando no les apetecía un café de cafetera de los de casa. Esta vez serviría de terreno neutral. Un lugar tranquilo para una rendición. Su rendición incondicional. Perfecto.
Cinco minutos mas tarde de las ocho de la tarde Luis entro en el bar. Ella estaba allí desde media hora antes de la cita prevista. Se levantó al verlo y le besó dulcemente en la mejilla. De nuevo sintió ese frio que iba de los pies al corazón, aunque él se lo devolvió con cariño, alegría y la mejor de sus sonrisas.
Hablaron y hablaron. Durante dos horas se pusieron al día, entre sonrisas, palabras amables y auténtica conexión. Se atropellaban el uno al otro, el entusiasmo por ese tan esperado encuentro era evidente. Llegó un momento que a ella le pareció que no hacia ni dos semanas que se marchó de casa, que ya ni recordaba por qué, pero estaba allí. Y Luis la sonreía y se alegraba de verla. Ella sintió el impulso de hacerle el amor allí mismo, pero se decidió por hablar, exponer el verdadero motivo de su regreso.
Cuando hubo acabado de hablar hizo una pausa exageradamente larga, invitando con ello a que Luis hablase, a que dijera algo, lo que fuera, ella examinaba mientras tanto su reacción, sus gestos. Sopesaba a cada instante que le transmitía ese interminable silencio, esa mirada que la dedicaba. Intentaba encontrar su significado incluso antes de que dijese nada. Se dio cuenta de que ansiaba una respuesta, que no debía tardar ni un instante mas. Fueron unos pocos segundos, pero a ella le pareció una eternidad. Finalmente se decidió a hablar.
La dijo que había alguien. Que en este tiempo espero. Esperó una llamada, una noticia de aliento, algo que le hiciera albergar la esperanza de que volvería, pero esa llamada nunca llego. Nunca se produjo. Es mas, las escasas llamadas que se hacían entre ambos se limitaban a preguntarse algo sobre la casa, las cuentas, cosas materiales, preguntarse por que tal estaban con algo de frialdad y distanciamiento, pero nunca le envío ninguna señal de esperanza, algo por lo que seguir esperando. Sufrió su pena, ahogo su llanto y en un tiempo encontró un hombro en el que apoyarse. Una mujer encantadora que le hizo revivir, sentirse de nuevo capaz de levantar el ánimo y mirar hacia delante. Un apoyo continuo que no le dejó solo ni a sol ni a sombra. Alguien que entendió su situación, la abrazo como suya propia y jamás comprendió como alguien tan maravilloso fue dejado de lado sin mas. Al final no se sabe quien dio el paso, pero el caso es que casi sin proponérselo estaban juntos y así seguían. Su amistad dio paso a un amor franco y sincero. Sin duda no era ella, pero supo sustituir perfectamente su espacio en su corazón. Así estaba, así seguiría. Ahora vivía en casa de Laura, así se llamaba la mujer con la que ahora compartía su vida. La casa que había sido su hogar le asfixiaba, no podía con tantos recuerdos y la cerró. Pasaba periódicamente a airearla, recoger la correspondencia, pero no pasaba mas de una hora allí.
Se lo dijo con la mejor de sus sonrisas, con esa paz que siempre supo transmitirla. No tuvo que añadir mas. De su cara, de sus ojos y de sus propias palabras entendió que el lugar que un día ocupo en su lugar había desaparecido.
"Nuestro amor no muere, solo cambia de lugar en el corazón" dijo ella de pronto.
El reconoció enseguida su frase, y la dijo que así era. En su día fue el motivo por el que se levantaba cada día. La causa por la que ese día era mejor que el anterior, la razón por la que siempre encontraba un motivo por el que luchar. Hoy ese amor había cambiado de lugar en el corazón. Ahora ocupaba el que le correspondía, que no era otro que el recuerdo de la mujer mas importante de su vida. Aquel con el que compartió los mejores años de su vida hasta ese momento. Lleno de bonitos recuerdos y grandes logros, experiencias y momentos. La quería, era imposible no hacerlo, pero ya no era la persona que quería a su lado. Esa ahora era Laura, la mujer que no hacía mucho le escucho, le entendió y le abrazo cuando nadie estaba allí para hacerlo.
Continuaron hablando, llevaron la conversación por otros derroteros con una elegancia y disimulo propia de dos personas que se conocían a la perfección. Ninguno quiso incomodar al otro con un asunto que a todas luces no les llevaría a ningún lugar, pero lo hicieron con un tacto muy cuidado, aunque para ninguno de los dos fue indiferente.
Al rato de charlar animadamente llego el momento de la despedida, y ella no pudo evitar quemar su último cartucho diciéndole que la perdonase, que realmente había vuelto buscando su perdón. Que lucharía por él, pero que lo haría de forma limpia, solo tratando de remover su corazón. Jamás le incordiaría más que lo necesario. Le dió un beso y se marchó.
Él se quedo pensando en este tiempo. Pensó en Laura, su compañera actual, su paciencia, su comprensión, su cálido abrazo cuando más lo necesito y se maldijo por pensar lo que en esos momentos pensaba. Aún permaneció una hora más en aquel bar tomando un café, buscando en el fondo de la taza la respuesta a todas las preguntas que ahora se le agolpaban.

A los dos días ella llego a casa. Sintió de nuevo ese frio en los pies que últimamente tenia constantemente. Nada bueno suponía, ya que recordaba perfectamente como se marcho: de pronto, casi sin dar tiempo a reaccionar a su compañero, sin apenas dejarle tiempo de reacción. José no tuvo opción a decir nada, ella tenía claro que volvía a su anterior vida. Eso entendió. Y comprendió que era una decisión premeditada, bien solida, ya que ellos siempre habían estado bien, jamás le dio motivos para pensar que de pronto decidiría volver con Luis, a la casa que un día fue su hogar. Le sorprendió si, pero por algún motivo lo esperaba, así que no le quedo mas remedio que recoger sus cosas y marcharse. Pensó que no merecía lo que ella le hacía y no quiso quedarse a esperar nada. Estaba seguro que le olvidaría enseguida. Se sintió engañado, frustrado y utilizado como entretenimiento pasajero. Su corazón estaba dañado, pero su orgullo no. Para bien o para mal no quería saber el final de aquella historia. Cada minuto que pasaba sin cerrar su maleta le hacía más daño. Escribió una nota, recogió sus cosas y se marcho.
No le hizo falta mucho esfuerzo para comprender que no debía molestarse en encontrar a José. Le había hecho mucho daño abandonándole en busca de Luis sin saber si este estaría dispuesto a retomar su relación y comprendió que se porto fatal con él. Le dejaría en paz. Fue bueno con ella. En cambio ella no podía decir lo mismo.
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Desde aquel día Luis no pudo dejar de pensar en su encuentro con ella. Cada día le dedicaba mas minutos en su pensamiento, crecía y crecía, se estaba convirtiendo en una obsesión. Al cabo de unos pocos meses Laura le pregunto por esos silencios, esa cara distraída, esa seriedad que se había instalado en su expresión y él le conto lo sucedido. Para Laura fue un mazazo, un fantasma del pasado que volvía a molestar a la persona que amaba. Y sabia que el mero hecho de que a Luis le estuviera cambiando su optimismo y alegría por momentos ya era bastante significativo. El tiempo que había transcurrido desde su encuentro con ella no había hecho mas que darla una ventaja sobre ella. Luis habría pensado demasiado sobre la situación y era evidente que le había trastocado, era evidente que no se mostraba indiferente a la situación. Ella seguía siendo importante para Luis. Se sintió fatal, no sabía qué hacer, no quería que Luis se fuese de su lado. No quería perderlo ante alguien con quien no podría competir. Sintió unos celos terribles. Imaginó que se veían a escondidas, la imaginaba con una frialdad pasmosa, arrancándole de su lado, inoculando un veneno mortal que poco a poco la alejaba de ella y le arrastraba de nuevo hacia su pasado. Pronto empezó a hacérselo notar. Aquella Laura tranquila, cariñosa, dulce dio paso a alguien desconfiado, vigilante, obsesionado. Siempre había una pregunta incómoda, una desconfianza, una duda. Para Luis no pasó desapercibido y se deshacía en explicaciones que no llevaban a ningún lado, pues Laura siempre encontraba fisuras en las explicaciones.
Esto les distanció, les enfriaba por momentos y aquella relación que un día fue había desaparecido, transformado. El silencio predominaba en sus ratos juntos y cualquier comentario valía una nueva discusión. Nada volvería a ser igual entre los dos. Quien de los dos decidió poner fin a su relación carecía de importancia, casi sin palabras entendieron que el momento que ambos vivieron había desaparecido, estaba intoxicado, enfermo y no había posibilidad de salvación. Ninguno tenía fuerzas para ello.
Había pasado un tiempo. No había vuelto a contactar con Luis. Tampoco supo nada de José desde el día que se marchó. No intentó siquiera llamar a ninguno, aunque por diferentes motivos. Se sentía caprichosa, insegura. Tenía la sensación de no saber devolver la felicidad que ambos le habían regalado, sino que ella lo devolvía con un adiós sin explicaciones. No trataba ni siquiera de explicarles sus sentimientos. Sabía que los había hecho daño y eso la hundía, pero aun así no encontraba la forma de explicárselo. Con Luis había intentado volver, sin éxito. Con Jose no pasaría por la misma experiencia. No, no le llamaría, además no querría darle a entender que buscaba una segunda oportunidad de nuevo, pues lo único que le interesaba de José es saber que estaba bien, incluso habría agradecido una muestra de enfado, de rencor, algo que la demostrase que la había olvidado, que le era indiferente. Le deseo lo mejor. Jose era un hombre vital, optimista, seguro que sabría apañárselas y olvidarla. Lo deseo de corazón y con el mejor de sus deseos.
A Luis le sería más difícil olvidar. Realmente sabía que se equivocó el dia que se marchó de su lado. Y ahora sabía que era imposible recuperarle. Estaba con alguien, con Laura, que supo darle el cariño que necesitaba cuando le abandonó. Ahora no la merecía. Ninguno se mereció el trato que ella les dispensó.
Ahora no podía ni quedarse en la casa donde compartió dos años intensos con Jose ni volver al piso que tenía a medias con Luis. Imposible. Nada de esto le importaba lo mas mínimo, solo quería marcharse lejos. A algún lugar donde nada le recordase quien fue. Ya encontraría la forma de establecerse, de vivir. Un empleo, un permiso de residencia y trabajo. Ya encontraría algo. Ya se encontraría.
Tres días después, con un billete de avión bajo el brazo, un par de maletas y algunas ilusiones, se embarcó a un avión con destino a la primera ciudad europea que vió en la pantalla del portátil con un precio de bajo coste.
Luis tardó cinco meses más en volver al hogar que compartió con ella tiempo atrás. Volvió y no precisamente para airear la casa, y recoger la correspondencia. Volvió con la esperanza de un dia contactar con ella y preguntarla si su oferta seguía en pie. Que quizá tenía razón y se debían una segunda oportunidad. Pero nunca contestó a su llamada. Nadie sabía donde estaba o donde fue. Su teléfono le contestaba que ese número no existía. En el domicilio en el que vivió con Jose tampoco sabían nada, ni en su trabajo, ni los del banco. Todos recibieron desde un destino desconocido los ingresos necesarios, las cartas de despido, de renuncia y demás documentos pertinentes, pero nadie sabía donde estaba.
Entendió que no quería ser encontrada, así que lo dejó estar.
Ya en casa, se sentó en el sofá y pensaba que cada uno encuentra su destino por los caminos que precisamente tomamos para evitarlo. Y ella debía haber dado con el suyo.
“Nuestro amor no muere, solo cambia de lugar en el corazón.”
¡Pues que corazón más grande!- rió para si mismo, porque por más que lo buscase ahora sabía que jamás la encontraría.
Mildolores
Enero 2012